15 de julio de 2010

El Ethos de la Psiquiatría (2ª parte)
RESUMEN

En el mejor marco de la deontología y moral médica, intento dilucidar los principios básicos y más específicos del “ethos” de la psiquiatría.

La relevancia de la psiquiatría y psicología médica en el ámbito del humanismo médico; la situación crítica ante los valores de la civilización actual; las reiteradas declaraciones de derechos humanos, etc... son -entre otras muchas- las motivaciones que nos conducen a un análisis del substrato de la ética, de sus códigos, de la moral, es decir, del “ethos”.

Ante visiones monopolares de la praxis médica psiquiátrica que discurren desde el pesimismo de la degradación hasta las exaltaciones más inverosímiles de maduración; se intenta presentar el “ethos” actual de la misma con la mayor objetividad; relacionándolo con el pasado y el presente del devenir histórico de la conciencia ética y, particularmente con las recientes “declaraciones universales de los derechos humanos”.

La realidad dinámica y, por ende, cambiante del hombre, obliga a estar atento a los signos de los tiempos para tener siempre iluminados los caracteres válidos del “ethos” -en este caso el de la psiquiatría- y poderlo así concienciar para que configure en cualquier momento la conducta de todos los comprometidos con esta especialidad médica que en cierto modo debe estar siempre presente en todo acto sanitario.

EL ETHOS DE LA PSIQUIATRIA

Prof. Dr. D. Alfonso Mª Ruiz-Mateos Jiménez de Tejada

INDICE

1. Introducción.

2. Ethos: sentimientos versus noesis.

3. Postulados básicos del ethos de la psiquiatría.


1. Introducción.

En el amplio marco de la deontología y moral médica interesa tener siempre iluminados los principios básicos y más específicos del ethos de la psiquiatría. Su relevancia y la de la psicología médica en el ámbito del humanismo médico; la situación crítica ante los valores de la civilización actual; las reiteradas declaraciones de derechos humanos, etc... son, entre otras muchas, las motivaciones que nos conducen a una análisis del substrato de la ética, de sus códigos, etc..., es decir, del ethos. Ante visiones monopolares de la praxis médica psiquiátrica que discurren desde el pesimismo de la degradación hasta las exaltaciones más inverosímiles de maduración; intentamos presentar el ethos actual de la misma con la mayor objetividad relacionándolo con el pasado y el presente del devenir histórico de la conciencia ética y, particularmente, con las recientes “declaraciones universales de los derechos humanos”. La realidad dinámica y, por ende, cambiante del hombre; obliga a estar atento a los signos de los tiempos para tener siempre clarificados los caracteres válidos del ethos -en este caso del de la psiquiatría- y poderlos así concienciar para que configuren en cualquier momento la conducta de todos los comprometidos con esta especialidad médica que, en cierto modo, debe estar siempre presente en todo acto sanitario.

2. Ethos: sentimiento versus noesis.

A la hora de concretar de forma específica la ubicación del ethos dentro de la complejidad de la persona humana, la tradición occidental ha alzaprimado al intelecto y a la volición. Nuestra postura, sin embargo, se inclina por la hegemonía de los sentimientos profundos. Aunque el ethos aflore de la persona como realidad unitaria, consideramos que no tiene en la inteligencia su primer existencial, sino en los sentimientos profundos. En estos últimos radica la concepción, gestación y parto del mundo de las ideas, de las formulaciones concretas de las normas de conducta. Desde esta perspectiva asumimos las siguientes matizaciones que Ortega y Gasset hace entre ethos, ética y moral: “Entiendo por ethos, sencillamente el sistema de reacciones morales que actúan en la espontaneidad de cada individuo, clase, pueblo, época. El ethos no es la ética ni la moral que poseemos. La ética representa la justificación ideológica de una moral y es, a la postre, una ciencia. Lo moral consiste en el conjunto de las normas ideales que tal vez aceptamos con la mente, pero que a menudo no cumplimos. Más o menos la moral es siempre una utopía. El ethos, por el contrario, vendría a ser como la moral auténtica, efectiva y espontánea que de hecho informa cada vida” (1.954)

En pro de una mayor clarificación de conceptos incidimos en lo que hemos venido a llamar pasión y defecto de definir. Entendemos por ethos: el conjunto de sentimientos profundos autónomos y, sólo accidentalmente, condicionados que afloran de la intimidad de la persona en relación al mundo de los valores, a su jerarquización y al compromiso con los mismos.

Puntualizando: Profundos en el sentido que la semántica mística ha dado al vocablo Hondón y, en cierto modo, al endón de la nosología psiquiátrica en tanto estos vocablos aluden a raigambre (conjunto de antecedentes, intereses, hábitos o efectos que hacen firme y estable una cosa); en contraposición, pues, tanto a sensaciones fugaces o sentimentalismos superficiales como a normativas noéticas oriundas de meras veleidades socio-culturales. Autónomos: con ello queremos resaltar que existen sentimientos intrínsecos a la condición del ser humano, sentimientos inherentes a su propia mismidad; inalterables en su núcleo esencial por muy irritativos que sean los estímulos exógenos a los que tienen que enfrentarse en su andadura histórica. Valores: en el sentido de alcance de la significación e importancia de cualquier realidad contemplada desde la mayor o menor relevancia en la integración armónica y madurante de la persona y de los grupos.

3. Postulados básicos del ethos de la psiquiatría.

La distinción cualitativa más peculiar de la psiquiatría consiste en ser la rama humanística o antropológica por excelencia de la medicina. La Psiquiatría y la Psicología Médica deben ser consideradas como la “forma sustancial” de todo acto médico. De esta trascendencia antropológica dimana con máximo énfasis la singularidad y relevancia del ethos de ambas disciplinas.

El objetivo de la medicina es la persona, paciente real -o posible, si tenemos en cuenta la medicina preventiva- pero, el objeto concreto del acto médico lo constituye el fenómeno dual e interaccionado del encuentro interpersonal. Sobre esta realidad se sustenta el núcleo esencial del ethos médico y son la Psiquiatría y la Psicología las ciencias encargadas de la investigación y enseñanza de este fenómeno, el más complejo y sublime, sin duda, de la praxis médica.

El encuentro conlleva como rasgos éticos inequívocos: el respeto sacro, la fidelidad, la reverencia, la sinceridad, la confianza, etc... Ante el tú sólo cabe una postura idónea, la que nace de la acogida abierta, del respeto ante lo inabarcable, del compromiso ante el máximo valor intramundano y de la integración al mismo. Estas cualidades deben ser aún más acrecentadas en cuanto el tú -el específico de la psiquiatría- es un paciente, sugestiva pero imprecisamente, denominado enfermo mental. Su condición de persona -como tal, singularidad irrepetible- y de personalidad alterada obligan con más énfasis a mantener una actitud holística, abierta a cualquier signo clarificador con la conciencia explícita del aforismo: “de homine nunquam satis”.

El ethos de la Psiquiatría expresa su máximo sentido cuando tiene presente que “la forma más intensa en la experiencia de la libertad personal es el amor. En él se da la paradoja de que mientras el sujeto tiene en sí su centro y sólo a sí se pertenece aún no es propiamente de sí mismo. Mas, cuando sale de sí y tiene en más al otro que a sí mismo, recibe de su mano su verdadero yo” (Romano Guardini, 1.954)

Consideramos entre las violaciones más funestas del ethos de la Psiquiatría las posturas herméticas que pretenden convertir lo que es meramente parcelario en óntico y absoluto. La historia de la Psiquiatría continúa siendo un triste espectáculo de compartimentos estanco replegados en visiones monocolores y cargados de jactancia y agresividad. El ethos que dimana de la conciencia de la persona como realidad esencialmente mistérica y, por ende, inabarcable obliga a todo profesional de la psiquiatría a mantener una actitud de humildad científica, ecléctica o abierta a toda clarificación. Las dimensiones somatógenas, psicógenas y sociógenas de la persona junto a su carácter ineludible de trascendencia inmanente y religiosa, son premisas que no pueden ser soslayadas para la recta formación y praxis del ethos del psiquiatra.

El profesional de la psiquiatría deberá mantener una alerta especial para que su ethos no sea manipulado por intereses ajenos al de su propio quehacer científico y humanitario. Es obligado tomar conciencia de que al ser la psiquiatría la rama por excelencia del humanismo médico, sea el blanco predilecto de intereses bastardos oriundos de intrusismos políticos, económicos, pseudoreligiosos, etc... No podemos aceptar las afirmaciones tajantes de los que consideran que la ética psiquiátrica sólo puede tener cabida en ámbitos particulares. Así nos encontramos con las opciones más extremas que discurren desde los que alzapriman de forma exclusivista la medicina privada, hasta los que sólo admiten los hospitales clínicos. Consideramos -y en ello ponemos nuestro mayor énfasis- que el ethos de la psiquiatría y su correcta aplicación práctica, se dará allí donde exista un profesional con una conciencia rectamente formada y comprometida, capaz de mantener sus convicciones por encima de todas las coacciones que puedan provenir del entorno o de su propia fragilidad.


*Catedrático de Psiquiatría-Neurología Universidad Alfonsiana-Roma, Doctor en Teología, Sociología y Medicina, Presidente de la Real Academia de Médicos Escritores y Miembro del Comité científico del Instituto Canario de Psiquiatría.

7 de julio de 2010


EL ETHOS DE LA PSIQUIATRIA

(1ª parte)


Prof. Dr. D. Alfonso Mª Ruiz-Mateos Jiménez de Tejada (*).


Con esta aportación del Profesor. D. Alfonso María Ruiz-Mateos sobre el Ethos de la Psiquiatría la tribuna del ICAPSI se enriquece en sabiduría y conocimiento, es por ello que todos los que pertenecemos al Instituto no tenemos las palabras justas para agradecer su generosa, desprendida y desinteresada colaboración.

Una vez más nos enseñas tu gran calidad humana, generosidad, nobleza y bonhomía.

En nombre del Instituto, muchas gracias y un abrazo con mi amistad.

Miguel Duque Pérez-Camacho
Director del ICAPSI

INDICE


1. El ethos.

2. Ethos: Primacía de los sentimientos.

3. Postulados básicos del ethos de la psiquiatría.

- Ethos relevante de la Psiquiatría en el ámbito de la Medicina.

- Consideraciones sobre el ethos del psiquiatra.

- La formación del ethos.


“Considerando que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de todos los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana”.

“Considerando que el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajante para la conciencia de la humanidad (...)”

Permítanme que sean estos dos preámbulos de la Declaración Universal de Derechos Humanos aprobados y proclamados el diez de diciembre de mil novecientos cuarenta y ocho por la Asamblea General de las Naciones Unidas, las que encabecen esta aportación. Junto a ellos quiero también resaltar que la profesión médica -si dejamos aparte las estrictamente religiosas- ha sido la primera en garantizar su “ethos” con promesas, juramentos de fidelidad y códigos éticos o deontológicos. El “Juramento de Hipócrates” sigue latiendo en la conciencia médica, desde su primera formulación en el siglo IV a.C. En la actualidad, la mayoría de las Facultades de Medicina que aún continúan la tradición del compromiso o juramento explícito, utilizan la Declaración de Ginebra aprobada por la Asociación Mundial de Médicos en septiembre de mil novecientos cuarenta y ocho. Dicha Declaración se basa fundamentalmente en el clásico Juramento Hipocrático. De la misma quiero resaltar dos postulados:

- “Ejerceré mi profesión con conciencia y dignidad”
- “La salud de mi paciente será mi primera preocupación”.

Desde el “Juramento de Hipócrates”, gremios, instituciones similares y, en las últimas décadas, la O.M.S., han intentado plasmar el “ethos” médico y adecuarlo a las diversas exigencias del proceso de las civilizaciones mediante formulaciones, Códigos, Declaraciones, cartas, etc... (Véase en las páginas de Notas una reseña de las principales aportaciones al respecto a partir del año mil novecientos cuarenta y siete) (1)

1. El ethos.

En el mundo helénico el vocablo “ethos” evoca significados diversos. El más primitivo se refiere a “morada”, “residencia”, “lugar donde se habita”. En este sentido ha sido resaltado por la corriente existencialista particularmente por M. Heidegger: “morada del ser”, “estilo humano de morar y habitar”. La aceptación, sin embargo, más común y la que se ha impuesto, sobre todo tras la influencia del pensamiento artistotélico, alude a “carácter” o “modo de ser” (2) Puntualizando -aún más- la semántica del “ethos”, debe anotarse que cuando era escrito con “épsilon” (“e” breve) se hacía referencia al concepto de “costumbre”, mientras que si se escribía con “eta” (“e” larga) se designaba “carácter”. Estos dos contenidos serían posteriormente aunados en la cultura latina en una sola palabra: “mos”, pero con el grave peligro para la ética de que tuviera una mayor resonancia el sentido “costumbre” que el de “carácter”. (3) Santo Tomás ya salió al paso de este peligro:

“Mos puede significar dos cosas: unas veces tiene el significado de costumbre, otras significa una inclinación natural o casi natural a hacer algo, en este sentido se dice que los animales tienen costumbre. Para esta doble significación en latín hay una sola palabra, pero en griego tiene dos vocablos” (4)

Los tratadistas contemporáneos, en el tema ético-moral, dan más importancia en la configuración nuclear de esta ciencia al “ethos-carácter” que al “ethos-costumbre”.

Pero llegados a este punto nos interesa clarificar el significado de carácter. Es curioso observar cómo los filósofos de la ética recurren en este tema a las aportaciones de la medicina, particularmente de la psiquiatría y psicología- Como era presumible se han encontrado con la ambigüedad y la realidad equívoca con la que el vocablo “carácter” discurre por estas ciencias. Recordemos, a vía de ejemplo, el intento de Kretschemer por diferenciar los diversos temperamentos bajo el título genérico: “Constitución y Carácter”.

El afán de delimitar los conceptos “temperamento” y “carácter” aparecerá en la mayoría de los tratadistas. La tensión pareció sedarse con el simplismo de relegar a un vocablo con tantas resonancias semánticas como el de “temperamento”, las parcelas que nos parecían más inferiores en la vida anímica, es decir, las aparentemente más ligadas al substrato somático: las sensitivas, instintivas y afectivas. Dejando ubicado bajo el término de “carácter” (de “jaraso”, “jaracter”, grabar, esculpir, marcar) los fenómenos que se consideraron superiores: los volitivos e intelectivos. El carácter vendría, pues, a significar comportamiento, conducta en cuanto respuestas habituales de la persona, según los dictados de la voluntad y del intelecto. Tras estas delimitaciones el “ethos” podría haber encontrado su lugar exacto dentro de la complejidad humana dejándola estereotipada en el mundo de las voliciones y del intelecto; así de sencillo. Pero, lógicamente, estas abstracciones se enfrentaron de nuevo con los cabos de un nudo infinitamente más sofisticado que el que ataba el yugo para la lanza al carro del rey frigiano, el inmortalizado Gordio. El fenómeno de la persona humana se nos presenta, por una parte, como originalidad singular y unitaria; mas, por otra -o mejor, por todas, como inabarcabilidad mistérica, microcosmos del macrocosmos o, si se prefiere, lo inverso.

Como objeto de la psiquiatría se presenta “el hombre en su totalidad”. Pero, a quién no le estremece tal objetivo, cuya aprehensión evoca osadía jactante y presuntuosa por imposible.

Es lógico que hayamos hecho uso de todas las técnicas a nuestro alcance para la disección. Tras la continua búsqueda de estratificaciones clarificadoras -(recordemos entre las más recientes las de Rothacker; Kleist y Braun; Hartmann; Hoffmann; Ortega, etc...)- concluimos, una vez más, que es inútil: el ser humano rebasa todos los intentos de parcelaciones. Aquí radica la grandeza y el riesgo “trágico” -en el sentido krestschemeriano- de la psiquiatría. Las oleadas reiterativas de ensayos para aprehender y sistematizar las infinitas resonancias de la persona seguirán chocando contra el malecón nebuloso de lo mistérico. A la postre terminamos parafraseando de un modo u otro la síntesis de Janet:

“Il n´est pas juste de dire que l´homme pense avec son cerveau; ce n´est pas avec son cerveau qu´il pense c´est avec son corps tout entier. Il pense avec ses doigts, il pense avec ses pieds, avec son ventre comme il pense avec son cerveau; il pense avec l´ensamble” (5)

Síntesis, por cierto, muy pobre pues se le escapa nada menos que la dimensión histórica de la andadura humana; el pasado y el proyecto de futuro en el anclaje ambiguo del presente.

¿Dónde queda, pues, ubicado el “ethos”? M. Vidal resalta a este respecto las aportaciones de J.L.L. Aranguren relacionando el “ethos” (carácter moral) con el “pathos” (talante).

“Lo ético y lo pático tienen una afinidad que merece ser destacada. Lo mismo podría decirse de lo estético, según las fórmulas ‘nulla aestethica sine ethica’ y ‘nulla ethica sine aestethica’”. (6)

Considera el autor que ha sido Aranguren quien ha estudiado con más originalidad la noción de “talante” y su relación con la “personalidad” (7)

“El “pathos” o talante es nuestro modo de encontrarnos bien, mal, tristes, confiados y seguros, temerosos, desesperados, etc, en la realidad. El “pathos” no depende de nosotros; al revés, somos nosotros quienes nos encontramos con él y en él. Justamente por eso ha podido hablar Heidegger de la “Geworfenheit”. Hemos sido puestos en el mundo “arrojados” en él o, mejor, enviados a él con una esperanza o angustia radical, fondo permanente que sale poco a superficie de los cambiantes estados de ánimo, sentimientos y pasiones” (8)

Ante esta última afirmación: “sale poco a superficie”, pienso que los profesionales de la psiquiatría invitarían a Aranguren a unos contactos, aunque sean pasajeros, con la realidad clínica. Continúa el autor:

“Frente al irracionalismo principal de Heidegger el talante no es el primer existencial, no es nuestra primera abertura a la realidad o mundo, porque naturalmente supone la “inteligencia” entendida como estar en la realidad y como constitución de ese mundo que después el “pathos” va a colorear emocionalmente con una gama fría o encendida, con una paleta oscura o ardiente” (9)
“Pathos” y “ethos”, talante y carácter, son, pues, conceptos correlativos. Si “pathos” o talante es el modo de enfrentarse por naturaleza con la realidad, “ethos” o carácter es el modo de enfrentarse por hábito con esa misma realidad... Talante y carácter son, pues, los dos polos opuestos de la vida ética; premoral el uno, auténticamente moral el otro. Pero importa mucho hacer notar que sólo por abstracción son separables... El hombre constituye una unidad radical que envuelve en sí sentimientos de inteligencia, naturaleza y moralidad, talante y carácter” (10)

2. Ethos: Primacía de los sentimientos.

La concepción de “talante” en Aranguren, la hegemonía que él da a la inteligencia como primer existencial y el hecho de reducir el fenómeno complejo del “ethos” al modo de enfrentarse por hábito con la “realidad” exigen, a mi juicio, grandes matizaciones.

Es evidente, como ya hemos anotado, que todo intento de disección de la unidad vital del ser humano sólo es posible desde la capacidad de abstracción del intelecto.

La abstracción es siempre la herramienta básica de toda ciencia, incluida la antropología. No podemos prescindir de ella. Pero es necesario mantenerse siempre en alerta -máxime en las ciencias psicológicas y psiquiátricas- para no convertir un hallazgo real, pero parcelario, en óntico y absoluto. Aquí radica, a mi juicio, uno de los fallos más funestos, el que más tensiones ha producido dentro del “ethos” de la psiquiatría. (11)

La tensión bipolar entre “pathos” y “ethos”, talante y carácter, y la calificación de “premoral” para el primero viene a incidir en la concepción socrática del hombre que tanta influencia ha ejercido en la civilización de occidente. Recordemos cómo San Pablo recogía el saber de su época al respecto dándole una orientación cristiana:

“Pues la carne tiene apetencias contrarias al espíritu, y el espíritu contrarias a la carne, como que son entre sí antagónicos, de forma que no hacéis lo que quisiérais. Pero si sois conducidos por el Espíritu, no estáis bajo la ley” (12)

La dicotomía entre “concupiscencia” y “razón” persiste en nuestra concepción del hombre. Los intentos por nuevos enfoques sólo han logrado, la mayoría de las veces, caer en el mundo lúdico de cambios semánticos.

Recordemos el “Lustprincip” o principio del placer y el “Realitatsprincip” o principio de realidad de la fenomenología freudiana.

Particularmente elocuente al respecto es la alusión a la “estimación de instintos y cambio instintivo” de E. Kretschemer:

“El hombre es el animal trágico. Mientras que sus instintos todavía no se han modificado ni con mucho y permanecen en un grado arcaico, su desarrollo intelectual se completa con tal rapidez que todas las obras de su razón se convierten en instrumento de destrucción. El hombre es el animal trágico. Hoy día, aunque se parte de modo tan primitivo y ensalce tanto, lo instintivo no tiene bastante para gobernarse con seguridad, ni razón bastante para tomar el relevo de los instintos. ¿Vamos por eso a corear las consignas de moda y a menospreciar a la razón? ¡Nunca jamás!. La razón no tiene más inconveniente que el de que la mayoría de los hombres no la tienen en bastante medida” (13)

Pienso que necesitamos una orientación distinta para iluminar el substrato más profundo del “ethos”. La tensión “pathos”-”ethos” peca de la dicotomía simplista ya aludida, porque el dramatismo dialéctico no se cierne al mal llamado “psiquismo inferior” (sensación, instinto, afectividad) contra el “psiquismo superior” (intelecto, volición), sino a cualquiera de los estratos de la persona humana. Así podríamos contemplar instintos versus instinto; afectividad versus afectividad, etc... Estoy de acuerdo con la afirmación de López Ibor:

“La verdad no está en la disyuntiva sino en la copulativa (...) La teoría de las capas es eso: una teoría que sirve para mejor interpretar y describir los hechos, y sólo con este valor heurístico es tomada en estas páginas. Las mismas divergencias en designación y planos de separación de las capas demuestran su relatividad: si el ser humano estuviese formado, realmente, por tres bloques superpuestos, no habría dudas sobre la topografía de las fisuras separadoras de los bloques” (14)

En realidad, los autores anteriormente citados también aceptan esta línea de pensamiento. Pero el tema de la imbricación del “ethos”, aunque aflore de la persona como realidad unitaria, considero que no tiene en la inteligencia su primer existencial, sino en los sentimientos profundos. El “ethos” ha experimentado, sobre todo en occidente, un curso parecido al del vocablo cultura. La vieja tesis socrática de que la conducta humana es la secuela expresiva del mundo de las ideas ha resaltado de forma primordial -diría, avasalladora- en nuestras civilizaciones. Si tomamos cualquier diccionario de las lenguas de nuestros países observaremos que el vocablo “cultura” es referido preferentemente a la noesis o enriquecimiento ideológico. Nuestra labilidad de equiparar lo cultural con lo libresco y la información es evidente. Cuántas veces en el contacto con personas “analfabetas” pero en equilibrio con la “naturaleza-natural” como hoy decimos; he constatado su sentido existencial y comportamiento ante las grandes incógnitas de la metafísica humana hasta el punto de interrogarme: ¿quiénes son los cultos o cultivados; ellos, designados analfabetos o yo con mi bagaje libresco?

La antropología psiquiátrica hace tiempo que descubrió que la verdadera fuerza conductora de la persona, tanto en su dinámica individual como colectiva, es la afectividad. “Lo afectivo es lo efectivo” es un aforismo que me agrada traer a colación siempre que puedo. Recordemos el exabrupto agustiniano: “¡Amor meus pondus meum!”

“Todo cuerpo con su peso tiende hacia el lugar que le es propio. El peso no tiende precisamente hacia abajo, sino hacia su lugar. El fuego tiende arriba, abajo la piedra. Su peso los lleva, a su propio sitio van. El aceite derramado bajo el agua sube sobre el agua, y el agua derramada sobre el aceite húndese bajo el aceite; su peso los lleva, a su propio sitio van. Lo desordenado está inquieto, una vez ordenado reposa. Mi peso es el amor, el me lleva donde quiera soy llevado” (15)

Sólo en apariencia lo noético, el mundo concreto de las ideas es el que desencadena los inventos, las grandes y pequeñas revoluciones. Pero creo ser consecuente al afirmar que los verdaderos gestores y paridores de las ideas son los sentimientos profundos. Es más, el sentimiento es el que permite la apertura y acogida del receptor, el que logra el contrapunto vital en el que radica el encuentro de todo goce estético. Las ideas nos resbalan si no logran estimular las resonancias de nuestra vida afectiva. Nos encontramos ante círculos complejos de interacciones e influencias recíprocas consecuentes a la unidad de la persona cargada de veneros y resonancias muy diversas. Pero si nos planteamos el tema en el terreno de las prioridades, en el sentido de la primacía jerárquica a la hora de troquelar el mundo anímico de la persona -e incluso en un orden cronológico- nuestra postura se inclina rotundamente por la prioridad de los sentimientos. La vieja tesis escolástica de que el ser humano nace “tamquam tabula rasa” ha sido suficientemente superada con los actuales conocimientos acerca de la “memoria genética”. El vocablo “memoria” corre también el peligro de ser referido primordialmente al mundo de lo ideal. No es así. Fisiológicamente, la formación de los engramas incide, ante todo, en el complejo mundo de los sentimientos. Entendemos por “engrafía” de acuerdo con Semon:

“el proceso por el cual lo estímulos dejarían rastros definitivos y permanentes en el protoplasma de las células” (16)

Rasgos, por tanto, que pueden ser hereditarios. Cuánto hubiera gozado C.G. Jung con las actuales aportaciones de la ciencia para poder contar con un substrato fisiológico que justificara la posibilidad del “inconsciente colectivo” y de los “arquetipos”, realidades que nos despiertan otra categoría de los sentimientos: la irracionalidad en lo más íntimo de lo humano. (17)

La psicología racional consideró que los hábitos son el resultado de la reiteración de actos. Tal afirmación es una parte de la verdad y, sin duda, la más insignificante. Es válida cuando nos referimos a la parcela del sistema nervioso encargada preferentemente del aprendizaje, coordinación y perfeccionamiento de ejercicios voluntarios. El virtuosismo del pianista sería imposible sin una reiteración previa persistente. Pero la formación de engramas a nivel de los núcleos básicos del substrato cerebral de los sentimientos, no siguen el postulado de la reiteración de actos como premisa necesaria. Un solo estímulo vivido con gran intensidad afectiva puede ser mucho más eficaz, para dejar una huella indeleble, que la repetición del mismo sin resonancia emocional. Aún en el aprendizaje y perfeccionamiento de ejercicios voluntarios hay que destacar la importancia que tienen la atención y el interés; fenómenos íntegramente ligados con la afectividad. En definitiva, cuando afirmo que “lo afectivo es lo efectivo” no intento marginar ningún otro fenómeno del acontecer personal, sino resaltar la primacía que los sentimientos profundos tienen en una perspectiva holística de la dinámica humana. Si esto es así, es en los sentimientos profundos donde debemos contemplar las raíces más originarias de la formación del “ethos”. Desde estas puntualizaciones admito la diferenciación que hace Ortega entre “ethos”, “ciencia ética”, y “moralidad”.

“Entiendo por “ethos”, sencillamente el sistema de reacciones morales que actúan en la espontaneidad de cada individuo, clase, pueblo, época. El “ethos” no es la ética ni la moral que poseemos. La ética representa la justificación ideológica de una moral y es, a la postre, una ciencia. Lo moral consiste en el conjunto de las normas ideales que tal vez aceptamos con la mente, pero que a menudo no cumplimos. Más o menos la moral es siempre una utopía. El “ethos”, por el contrario, vendría a ser como la moral auténtica, efectiva y espontánea que de hecho informa cada vida”. (18)

La necesidad de rubricar los sentimientos a la hora de concienciar el “ethos” de la psiquiatría me parece tanto más urgente cuanto más peligro han sufrido los mismos de ser marginados por ciertas corrientes de la psicología contemporánea. Encierran una gran parte de la verdad las recientes líneas:

“Si hay algo que caracteriza rápida y eficazmente la realidad psicológica del hombre en su dimensión natural, son los sentimientos. Sin embargo, la psicología científica bien pronto prescindió de esta importante dimensión humana. El conductismo, primero, debido a su intento de atenerse exclusivamente a la relación estímulo-conducta, y la psicología cognitiva después, debido a su complejo sistema de interpretación informática del comportamiento humano, abandonaron los sentimientos al campo de la filosofía” (19)

Antes de finalizar este apartado caeré en lo que he llamado alguna vez pasión y defecto de definir; sí, lanzando una definición más del concepto “ethos”: el conjunto de sentimientos profundos autónomos y condicionados que afloran de la intimidad de la persona en relación al mundo de los valores, a su jerarquización y al compromiso con los mismos.

Puntualizando:

“Profundos”: en el sentido que la semántica mística ha dado al vocablo “hondón” y, en cierto modo, al “endo”, “endón”, “endogeneidad” de la nosología psiquiátrica, en tanto estos vocablos aluden a “raigambre”: “conjunto de antecedentes, intereses, hábitos, o efectos que hacen firme y estable una cosa o impiden su reemplazo o su enmienda”. En contraposición, pues, tanto a sensaciones fugaces o sentimentalismos superficiales como a normativas noéticas oriundas de meras veleidades socio-culturales.

“Autónomos”: con ello queremos resaltar que existen sentimientos intrínsecos a la condición del ser humano, sentimientos inherentes a su propia mismidad; incondicionables o ininfluenciables en su núcleo esencial por muy irritativos que sean los estímulos exógenos.

“Los arquetipos han debido engendrarse en el ser humano y no sólo como residuo de experiencias anteriores. Se trata de algo que corresponde a propiedades esenciales del ser. Si surge el mito del héroe es porque hay en el hombre una tendencia al poder y al dominio de matriz irracional. A mi modo de ver, no hay que olvidar las necesidades ni las responsabilidades del ser humano o, lo que es lo mismo, ‘lo irracional en el hombre’” (20)

“Valores”: en el sentido de “alcance de la significación e importancia de cualquier realidad” contemplada desde la mayor o menor relevancia en la integración armónica y madurante de la persona y de los grupos.

3. Postulados básicos del ethos de la psiquiatría.

- Ethos relevante de la psiquiatría en el ámbito de la medicina

Para B. Häring el ethos:

“comprende aquellas actitudes distintivas que caracterizan a la cultura o a un grupo profesional en cuanto que esta cultura o profesión sostiene una postura que demuestra la dedicación a ciertos valores y a la jerarquía de valores” (21)

Lo que más nos interesa resaltar es la relación que el autor hace entre “ethos” y profesión:

“Un uso verdaderamente significativo del término “ethos” incluye la calidad de miembro de una profesión, entendida como una vocación en el sentido de un servicio irrevocable a la comunidad y una dedicación a valores más que a ganancias financieras (...) El “ethos” surge dentro de la profesión y es formulado más particularmente por aquellos que la representan de una manera corriente, por aquellos que a través de la historia han sido como modelos de la profesión” (22)

Es evidente que mi concepción del “ethos” no coincide con la de Häring, pero considero que su referencia a la profesionalidad nos puede ser útil para adentrarnos y concretarnos en el ámbito de la psiquiatría.

Alonso Fernández comienza su obra “Fundamentos de la Psiquiatría actual” con estas frases:

“La importancia cualitativa y cuantitativa de la psiquiatría denota que nos encontramos ante una disciplina que no es simplemente una especialidad médica más. Su distinción cualitativa más peculiar consiste en ser la rama humanista o antropológica por excelencia de la medicina” (23)

Utilizando la terminología escolástica me agrada decir que la psiquiatría y su compañera inseparable la psicología médica, constituyen la forma substancial de todo acto médico. El objeto de la medicina es el paciente -o el presumible paciente, si tenemos en cuenta la dimensión preventiva, pero el objeto del acto médico lo constituye el fenómeno dual e interaccionado del encuentro personal.

“Encuentro es más que la mera yuxtaposición de las cosas y los seres vivos, en los que las interacciones proceden condicionadas por las correspondientes formas de relación. Tal manera de estar juntos se realiza constantemente en la vida de los hombres desde el choque y la caída hasta sus complicadísimos procesos del mecanismo social.
Pero encuentro es algo muy distinto. Encuentro significa que el hombre se presenta ante una cosa o un ser vivo y sobre todo ante otro hombre; considera su forma, percibe su valor esencial, es herido por su poder... Así puedo yo encontrar la mar o un árbol: un hombre que hasta ahora me era desconocido o con el cual había estado ya muchas veces. Soy herido por el rayo de su ser, soy tocado por su acción. La relación se consuma cuando el otro hombre también “encuentra” y a mí precisamente. Entonces se da el ser encontrado y determinado mutuo.
El hombre, pues, está hecho no sólo para la acción recíproca con los otros seres, sino para el encuentro y en su confirmación se realiza. Existe referido a lo otro y al otro, y mientras esté “referido a” se realiza, se edifica y se hace más él mismo (...) En tanto que consuma al “tú” entra en comunidad y totalidad, camina hacia el auténtico “yo”. La forma más intensa en la experiencia de la libertad personal es el amor. En él se da la paradoja de que mientras el sujeto tiene en sí su centro y sólo en sí se pertenece aún no es propiamente de sí mismo. Mas cuando sale de sí y tiene en más al otro que a sí mismo, recibe de su mano su verdadero “yo”. (24)

Si el núcleo esencial del quehacer médico lo constituye el “encuentro interpersonal” y la Psiquiatría y Psicología Médica son las ciencias encargadas de la investigación y enseñanza de esta realidad -sin duda alguna la más sublime y trascendente- no sonará a jactancia el que las consideremos “forma substancial” de un “objeto material” que en este caso sería toda la Medicina. Al que no le agrade esta terminología escolástica de los coprincipios metafísicos, creo puede aceptarla en sentido analógico o, si prefiere, metafórico.

En este pilar, “encuentro interpersonal” se sustenta el “ethos” de la psiquiatría con caracteres que desbordan toda posibilidad de síntesis.

- Consideraciones sobre el ethos del psiquiatra.

La persona -ante y con la persona- nos sumerge en el fenómeno más inabarcable y mistérico de las realidades intramundanas.

Ante el “tú” sólo cabe una postura idónea, la que nace de la acogida abierta, del respeto ante lo inaprehensible, del compromiso e integración. Estas cualidades deben ser acrecentadas, enaltecidas, cuando el “tú” -el específico de la psiquiatría- es el enfermo, sugestiva pero imprecisamente dominado, mental. Su condición de persona como tal, singularidad irrepetible y de personalidad alterada, obliga, aún más, a una actitud abierta a cualquier signo clarificador con la conciencia explícita en el aforismo: “de homine nunquam satis”.

“Lo personal es esencialmente diálogo. Es “tú” orientado hacia un “tú”, con quien trata de ponerse en contacto por medio de la palabra. Por otra parte es algo esencialmente inefable enraizado como está en el mundo misterioso de la interioridad. Toda persona implica un ser, y un ser que es, hasta cierto punto, común a otras personas. En este sentido la persona es comunicable. Pero incluye también algo que es simplicísimo y de una sola vez. En este otro sentido la persona es incomunicable ya que el lenguaje no puede trasmitir sino los valores comunes. La persona es incomunicable tanto en el plano del ser como en el del conocimiento. No puede ser plenamente comprendida. Ciertamente que la persona puede ser tratada como una cosa más de la naturaleza, pero es un triste destino, el que en nuestro mundo, se llegue a hacer del “tú” una cosa”. (Buber). Ya que en este caso la persona deja de ser propiamente una persona. La persona no puede nunca estar en manos de otros, sino frente por frente. Toda persona necesariamente está cerrada sobre sí misma. No puede ser forzada desde fuera (...) Lo personal es, por consiguiente, aún vistas las cosas naturalmente, un pavoroso misterio que no puede ser conocido y analizado intelectualmente, sino sólo vivido con el amor y mutuo trato” (25)

Desde esta reflexiones denunciamos una de las violaciones, a mi juicio, más funestas del “ethos” del psiquiatra. Tratar de convertir lo que es meramente parcelario en óntico y absoluto, incidiendo incluso en dogmatismos antinómicos. Bienvenidos sean la libido, la superación, el ancestral, etc... todas las aportaciones desde una dimensión somatogénica, psicogénica o sociogénica, etc... pero, por favor, ¿seremos incapaces de mantener el talante científico que nace de la humildad por verdad de que el hombre es inabarcable y que todo intento de clausurarlo en pequeños estancos connota la jactancia típica de la ignorancia o, lo que sería peor, de la maldad? (26) Las posturas eclécticas pueden ser consideradas como productos de espíritus pusilánimes o poco comprometidos. Pero el eclecticismo, entendido como actitud radicalmente abierta a toda sugerencia que pueda clarificar la realidad mistérica del ser humano, no es la posición de los cobardes sino la que nace de un “ethos” consciente y consecuente.

Junto a este fenómeno conviene también lanzar la denuncia de las tremendas tensiones que existen entre muchos profesionales de la Psiquiatría oriundas de motivaciones en las que sinceramente me pierdo. Comprendo que el psiquiatra, como cualquier otro profesional, experimente situaciones embarazosas en la superación justificada en pro de cátedras u otros puestos directivos. Que ello sea motivo de ciertas alteraciones de conducta, dada la estructura de la sociedad en que vivimos, sucede en todos los ámbitos de la misma. Pero yo quiero apuntar a no se qué clase de demonios -todos somos conscientes de que existen- que dan una imagen muy negativa de nuestra profesión, máxime cuando nos atrevemos a lanzarla, justificadamente, como la rama por antonomasia del humanismo y antropología médicos.

A veces tengo la impresión de que hemos convertido a la Psiquiatría en una especie de Pandorga o estafermo de cuyos mandobles o latigazos se necesita ser excesivamente hábil o poco comprometido para poder escapar. El que haya llegado a esta parcela por vocación, no fácil de resistir ante el valor de la misma, y con deseos de luchar en un frente común en la que todo esfuerzo será siempre insuficiente, corre el peligro del desánimo ante la triste realidad de desunión de los que más obligados están a la compenetración o integración.

Otro grave peligro para el “ethos” del psiquiatra procede de latitudes foráneas a nuestra disciplina. Observemos cómo la polémica actual de la psiquiatría ha rebasado sus propias vallas y se convierte en blanco de teorías sociológicas, económicas, políticas, etc... En ellos evidenciamos que la psiquiatría es la rama humanística por excelencia; como tal, la más ingrávida y, por ende, la más indefensa para cualquier advenedizo. Pocas posibilidades de penetración y ataque se le presentan a ideólogos políticos, por ejemplo, para manipular especialidades como la oftalmología o la otorrinolaringología desde su propio quehacer científico.

Pero, señores, bueno será levantar la voz y en nombre de todos los que queremos hacer psiquiatría de la psiquiatría, abiertos a la totalidad antropológica, gritemos que basta ya de intrusismos groseros, que son demasiado largas las orejas para no presumir al lobo que las sustenta.

Romper una lanza en pro del “ethos” de los millares de profesionales que cada día se debaten entre angustias, ansiedades, delirios, deterioros irreversibles... parecería innecesario. Pero al observar con que fácil ironía merodea el chiste y hasta el sarcasmo referidos a nuestros enfermos y, cómo no, al psiquiatra, se nos antoja hasta pobre el cuadro de las mil lanzas de Velázquez. Recuerdo que cuando un venerable profesor se enteró que me había hecho psiquiatra después de mis correrías teológicas y antropológicas, todo cuanto se le ocurrió decirme fue: “por favor, un psiquiatra no es otra cosa que un loco médico o un médico loco”. Mientras reía la broma parafraseaba la expresión paulina:

“Pues desearía ser yo mismo “loco” (anatema) separado de Cristo, por mis hermanos, los de mi raza según la carne...” (27)

Para todos los que sepan de angustia vivida en carne propia, sobra todo comentario. Para el ser extraño que la ignore, nuestra espera hasta el momento en que la angustia le asalte en la vuelta inesperada de una esquina fortuita.

- La formación del ethos.

La psiquiatría hace ya tiempo descubrió que la única ganzúa capaz de abrir la intimidad de la persona, hasta el punto de poder lograr conversiones terapéuticas, no era la clarificación o imposición noética de las racionalizaciones, sino la empatía afectiva, el manejo adecuado de la transferencia-contratransferencia; la potenciación de todo resquicio integrador del “hondón”. No minusvaloramos la información -¡sería absurdo!- pero reiteramos que una polarización exclusivista sobre la misma conlleva un empobrecimiento del “ethos” de cuyas consecuencias parece resentirse notablemente la praxis actual de la psiquiatría.

Son muy numerosas las voces que se levantan intentando concienciarnos de que asistimos a un profundo y acelerado deterioro de la deontología médica y concretamente de la psiquiatría sobre todo en el núcleo esencial: relación médico-paciente.

Quizá al “ethos” y al humanismo psiquiátrico se le pueda aplicar la misma crítica que M. Heidegger hacía al conocimiento del hombre.

Ninguna época ha hablado tanto de humanismo como la nuestra, ninguna ha dispuesto de tantos medios de difusión para propagar sus ideas y convicciones como la nuestra y, sin afán pesimista, quizá ninguna esté asistiendo a una mayor degradación del mismo. Es evidente que no es la información la que claudica aunque últimamente; en la mayoría de nuestras Facultades, la Deontología como asignatura haya dejado de existir.

Pienso que el “ethos” se fermenta y estimula en lo que tenga de originario e innato en la intimidad del hombre y se aprende y modela en lo que tenga de adquirible, primordialmente a través del contacto con los auténticos maestros. Esta línea de pensamiento es la que han apoyado venerables colegas y la que les llevó a resistirse a la deontología como una asignatura más de la carrera. Para ellos el único pedagogo eficaz del “ethos” y de la deontología era el clima que todo estudiante de medicina tenía que respirar en cada rincón de sus respectivas Facultades.

Personalmente pienso que los dos aspectos son necesarios para la formación del “ethos”, pero también doy la primacía al segundo.

Termino este trabajo dedicando mi admiración y veneración a todos los colegas -verdaderos maestros de la psiquiatría- que fieles al compromiso con el “ethos” nos deparan la posibilidad de estar orientados y no perdernos en la bruma.



NOTAS




1. - Código Internacional de Nuremberg, sobre experimentación humana, en respuesta a los abusos que durante la guerra se cometieron en experimentos sobre seres humanos.
2.- Declaración de Ginebra (ratificada en Sidney en 1.968).
3.- Código de Londres (III Asamblea General de la Asociación Médica Mundial).
4.- Declaración de los principios relativos a los Certificados Médicos.
5.- Reglas de Deontología Médica para los tiempos de guerra.
6.- Declaración de Helsinki (revisada en Tokio en 1.975 por la XXIX Asamblea General de la A.M.M.)
7.- Principios Deontológicos sobre Medicina Social (ratificada en Madrid por la XXI Asamblea General en 1.967)
8.- Carta Médico-Social de Nuremberg.
9.- Carta de los Médicos de Hospitales del Comité Permanente de Médicos de la Comunidad Económica Europea.
10.- Carta de los Médicos Asalariados (Bruselas).
11.- Carta de los Médicos del Trabajo (Bruselas).
12.- Declaración de Oslo (sobre el aborto terapéutico).
13.- Declaración de Tokio (sobre la tortura).
14.- Declaración de Hawai (sobre tratamientos psíquicos).

Simultáneamente se van modificando los distintos códigos nacionales.

En España, se aprueba el Código de Deontología Médica elaborado y auspiciado por el Consejo General de los Colegios Oficiales de Médicos y sancionados en abril de 1.979 por el Ministerio de Sanidad y Seguridad Social.

Como antecedentes de estos intentos de codificación, tenemos en España las Reglas de Moralidad Médica, establecidas en una circular de la Junta Suprema de Sanidad en 1.964. En esta circular se establece el rol social del médico, considerándolo como “oficial sanitario” obligado a denunciar de oficio las situaciones que signifiquen perjuicio para la salud.

Carta Magna del enfermo hospitalario

“Recientemente ha sido aprobado por el Consejo de Europa un documento que recoge ampliamente los derechos fundamentales de la persona enferma y hospitalizada. Entre ellos se especifican otros puntos del derecho a la libertad religiosa y filosófica, la facultad de reclamar y ser informado sobre el estado de salud, el derecho de aceptar o no una intervención médica y la posibilidad de solicitar información anticipada sobre los eventuales riesgos, el respeto a la vida privada, a la dignidad del individuo; en una palabra, el derecho a ser atendido de forma adecuada.

La elaboración de la carta ha requerido varios años de reflexiones y estudios y un gran número de reuniones de expertos. Los principios que la inspiran se desprenden de la declaración universal de los derechos humanos, de la carta social europea, de la convención internacional de las Naciones Unidas sobre los derechos económicos, sociales y culturales y las resoluciones de la Organización Mundial de la Salud, la O.M.S., aprobadas en este sentido. Su real aplicación a nivel nacional necesita una reglamentación interna. Los hospitales, a su vez, deben dotarse de los medios necesarios para llevarlas a la práctica”.

15. Aranguren, J.L.L.: “Etica”. Madrid, 1.972 (21-25)

16. Vidal, M.: “Moral de Actitudes” Tomo I. Madrid, 1.981 (19-20)

17. Santo Tomás: “Suma Teológica” I-II, 9.58 a 1

18. Confer: López-Ibor, J.J.: “Lecciones de Psicología Médica”. Madrid, 1.968 (Tomo I -23)

19. Vidal, M.: 1.c (23-24)

20. Ibd. 24

21. Aranguren, J.L.L.: 1.c 346

22. Ibd. 346

23. Ibd. 348-349

24. He tratado el tema con más extensión: “Deontología Médica y Nuevos Condicionamientos de Cultura”. Actas de las Segundas Jornadas: Deontología, Derecho y Medicina. Colegio de Médicos de Madrid. 21 al 25 de mayo de 1.979.

25. San Pablo ad Galatas: V,17-18; ad Romanos: VII,19.

26. Confer: Witbrecht, H.J.: “Manual de Psiquiatría”. Madrid, 1.970 (627)

27. López-Ibor, J.J.: 1.c 23-24.

28. San Agustín: “Confesiones” XIII, 10 (Vega) 442-3

29. Dorland: “Diccionario de Ciencias Médicas”. Buenos Aires, 1.965 “engrama”, “engrafía”.

30. Confer la importancia que da a la “irracionalidad” frente a la “racionalidad tecnológica de nuestro momento histórico”.
Ballbe, R. “El psiquiatra y el hombre contemporáneo”. Actas Luso-Españolas de Neurología y Psiquiatría, 1.981 9,2 (89-102)

31. Ortega y Gasset, J.: “Destinos Diferentes”. Obras completas. Madrid, 1.954 (506-507)

32. Cruz Hernández, M.: “El problema de los sentimientos”. Diario “Ya” 12 de febrero de 1.982. Se trata de una crítica a la obra reciente de C. Gurméndez: “Teoría de los sentimientos”. Madrid, 1.981

33. López-Ibor, J.J.: “El vivir ¿es sólo soñar? Diario “ABC” de Madrid 13 de enero de 1.982

34. Häring, B.: “Moral y Medicina”. Madrid, 1.972 (31)

35. Ibd. 32

36. Alonso Fernández, F.: “Fundamentos de la Psiquiatría Actual”. Madrid, 1.976 1

37. Romano Guardini: “Libertad, gracia y destino” (S. Schost, 1.954) 38.39

38. Schurr, V.: “Predicación cristiana en el siglo XX”. Madrid, 1.956 (112)

39. Ruiz-Mateos, A.M.: “Medicina, Psiquiatría y Moral”. Pentecostés nº50 julio-septiembre. Madrid, 1.977 (217) (En este trabajo he tratado más ampliamente el tema).

40. San Pablo. Rom. 9,3


*Catedrático de Psiquiatría-Neurología Universidad Alfonsiana-Roma, Doctor en Teología, Sociología y Medicina, Presidente de la Real Academia de Médicos Escritores y Miembro del Comité científico del Instituto Canario de Psiquiatría.

24 de marzo de 2010

Terror en Tenerife: Vuelos KLM 4805 y PAA 1736. Una tragedia imposible

Segunda parte

Definición

CATASTROFE: es un suceso infausto que altera gravemente el orden regular de las cosas y es sinónimo de cataclismo y desastre.

Las catástrofes se clasifican en:

-NATURALES : Geológicas, Climáticas , Bacteriológicas y Animales.

-TECNOLÓGICAS :Incendios, Inundaciones, Accidentes de circulación y Accidentes ferroviarios.

-AÉREOS: Navales y Submarinos.

-DE GUERRA: Bombardeo, Acción química, Nuclear, Invasión de un país y Campos de minas …

-SOCIALES: Terrorismo social, Hambre, Secuestros y Revueltas.


En los diferentes tipos de catástrofe hay numeroso factores que pueden propiciar el suceso (fallos mecánicos, geología, climatología, etc.), sin embargo hay un elemento diferencial entre todos éstos, y ese elemento es la acción del hombre. Puede ser indirectamente, por ejemplo, en un accidente aéreo, pueden existir causas mecánicas de la aeronave, que no haya sido revisada correctamente por los mecánicos, o bien un error de lectura de las cartas de navegación o NO ATENDER A LAS INSTRUCCIONES DE UNA TORRE DE CONTROL.


Tradicionalmente las catástrofes se definen por cuatro criterios:

- 1. Un evento destructor nefasto (en general súbito y brutal);
- 2. Con gran cantidad de víctimas (muertos, heridos, conmocionados, quemados, etc.);
- 3. Con destrucciones materiales importantes;
- 4. Que excede (o al menos ocupa íntegramente) los medios de auxilio locales
- y L. Crocq añade un quinto criterio, tal vez esencial: “provoca una desorganización social importante”.

En toda catástrofe, más allá de las consecuencias individuales, la sociedad en su totalidad, se ve afectada en su fisiología de gran organismo, lesionado en su organización y su vida colectiva. Por otro lado, cada individuo se ve afectado no sólo en su “Yo personal”, original y singular, sino también en su sentimiento de pertenencia a la comunidad, en su “Yo social”.

Además de las destrucciones y lesiones somáticas, las catástrofes provocan obligatoriamente un choque emocional y - aunque puede ser transitoria – una lesión psíquica. En este sentido, puede afirmarse que todas las víctimas de catástrofes, heridos somáticos o sobrevivientes sin lesión física, son “heridos psíquicos” y deben tratarse. Puede ocurrir también que los testigos, no afectados directamente por la catástrofe, las familias y amigos que acuden a prestarles auxilio e incluso los socorristas, los servicios sociales, el personal de atención médica y los organizadores, sufran también un choque emocional generador de síntomas más o menos intensos, molestos y duraderos. Noto propuso el término de “involucrados”, para designar este grupo de familias y de personal implicado de cerca en la catástrofe.


En Tenerife las emisoras de radio pedían sangre y ayuda, sin decir más y muchos acudían sin saber muy bien qué hacer o a quien dirigirse, el desconcierto era total. Aún así los traslados, las donaciones de sangre y las ayudas de sanitarios y particulares se realizaron con rapidez y eficacia. Los 68 supervivientes, todos ellos heridos, fueron trasladados a los centros hospitalarios de la isla, de ellos murieron nueve a consecuencia de las heridas. La solidaridad del pueblo tinerfeño fue notable así como la inmediata colaboración de la clase médica. Aún así los médicos tuvieron más trabajo en los embalsamientos que en los heridos, ya que aunque fueron trasladados a centros hospitalarios, en ellos casi nadie hablaba inglés, y no se tomo ninguna información de la que exista constancia. A los heridos se les identificaba por medio de un esparadrapo en la frente con un número y fueron evacuados por la Pan Am antes de las 48 horas de vuelta a su país de origen. Entonces mucho menos se podría esperar una actuación estandarizada tipo intervención ante una catástrofe.

Muy poca información nos llega del estado psíquico de los heridos, como hemos dicho, no se recogió constancia de ello ni intervino el servicio de psiquiatría, se asumió como un hecho totalmente físico y como tal sin implicaciones o actuaciones pertinentes a nivel de la “intervención en crisis” descrita hoy en día.

Aunque no encontré en las fuentes con las que hablé ni en las hemerotecas datos sobre el controlador aéreo, sospecho que pasó un estrés de responsabilidad específico en médicos, enfermeras y controladores aéreos, o probablemente por una depresión situativa. Más adelante debido a la presión y a las sospechas de las que fue victima, vivenció un síndrome de estrés postraumático.

Tras un trauma y contemplando la individualidad del ser humano veremos al sujeto entrar en una serie de fases en las que parecería que su vitalidad tras el suceso se ha desvanecido, estas son:

- Fase de shock o Reacción de estrés normal.

Moviliza procesos biológicos y fisiológicos bien conocidos actualmente: liberación de endorfinas, incremento de las defensas inmunitarias, cascada de informaciones y órdenes - por vía nerviosa o por vía humoral – entre los órganos sensoriales, la corteza cerebral, los centros mesencefálicos, el sistema nervioso neurovegetativo, la hipófisis, las suprarrenales y los efectores fisiológicos.

Junto a estos aspectos fisiológicos, el psiquiatra debe conocer aún más los aspectos psicológicos de la reacción de estrés: el estrés focaliza la atención, moviliza la energía e incita a la acción.
La reacción de estrés normal es una reacción útil, adaptativa, que inspira al individuo las decisiones y las conductas propicias para sustraerlo del peligro o para ayudar a los otros a evitarlo.

- Fase de inhibición o Reacción de estrés anormal.

Se distinguen cuatro reacciones:

La primera es la reacción de sideración, que deja al individuo perplejo desde el punto de vista cognitivo, estuporoso desde el punto de vista afectivo y paralizado desde el punto de vista motor.


La segunda es la agitación incoordinada y estéril.


La tercera es la huida por pánico, en la cual el individuo encuentra también la liberación de un exceso de tensión psíquica insoportable en la acción impulsiva.


La cuarta reacción, menos conocida, aunque más frecuente, es la acción automática: el individuo en estado de choque y desconcierto es incapaz de deliberar para escoger la mejor solución y ejecuta como un autómata los gestos y secuencias de gestos que se le ocurren espontáneamente o que copia de sus vecinos.

- Fase de Restauración:

El cuadro psicopatológico más común, vivido como reacción a una situación de catástrofe, es el trastorno por estrés postraumático (DSM-IV-TR F 43.1) denominación estadounidense, llamado anteriormente neurosis traumática; los síntomas más característicos los resume de manera muy didáctica el Profesor Alonso-Fernández siendo estos la:


a) Alexitimia (apatía o desinterés, pérdida de la expresividad de las emociones, distanciamiento de los demás)

b) Reviviscencia del trauma (recuerdo repetidos relacionados con el trauma, pesadillas nocturnas del mismo tema) y


c) Simpaticotonía (taquicardia, sudoración, insomnio).

Aparentemente el trastorno es más grave y duradero cuando el factor estresante es de origen humano.
Como sintomatología asociada es fácil encontrar síntomas de ansiedad, depresión. Hay un aumento de la irritabilidad que puede asociarse con explosiones esporádicas e impredecibles de conducta agresiva bajo la presión de provocaciones mínimas o incluso sin ellas.


La incapacitación puede ser ligera o afectar prácticamente a todos los aspectos de su vida. La evitación fóbica de las situaciones o actividades que recuerdan o simbolizan el traumatismo original, dando lugar a una incapacitación laboral o recreativa. Además la anestesia emocional puede interferir en la vida familiar y de pareja.

En diferentes países se han creado “equipos medicopsicológicos de urgencias” que actúan inmediatamente en el sitio de la catástrofe, adaptando los procedimientos norteamericanos del debriefing (o “examen psicológico del evento”) y se han organizado consultas especializadas en psicotraumatología. Esto refleja el interés suscitado por problemas específicos y la respuesta a necesidades que no eran cubiertas anteriormente por los sistemas de salud.

En los momentos que suceden a una situación de crisis, una correcta intervención de los equipos sanitarios puede servir para reducir los efectos “traumáticos” que se puedan producir. La actuación de cualquier sujeto en el escenario de la crisis a de conseguir mitigar o modular las consecuencias del suceso. Cuando el estado físico del paciente sea estable, y las medidas de auxilio urgentes hayan sido realizadas, deben entrar a actuar las medidas psicosociales, de las que son importantes una serie de recomendaciones básicas:

.Dejar llorar.
.Dar bebidas calientes.
.Llevar mantas.
.Contacto físico (abrazar, dar la mano).
.Lenguaje tranquilizador.
.Dar mensajes de apoyo y aliento a los afectados, con la intención de influir en su estado de ánimo (sin negar la realidad ni esconderla).
.Tranquilizar a los afectados sobre el estado de los otros heridos.
.Mostrar comprensión.
.Estimular que se hable (a pesar de llanto, gritos, etc.).

Basándonos en el modelo de “intervención en crisis” de Kart Slaikeu, exponemos las líneas a seguir en la intervención psicológica:

.Inmediatez: En cuanto aparezcan los síntomas.
.Proximidad: Lo más cerca posible del lugar del suceso.
.Expectativa: Ayudar al afectado a que comprenda que vive una reacción normal a un suceso irregular.
.Simplicidad: Métodos terapéuticos breves y sencillos.

Yo subtitulé esta ponencia como UNA TRAGEDIA IMPOSIBLE porque:

a) AMBOS AVIONES TEORICAMENTE NO DEBIAN DE HABER ESTADO ALLI, SINO EN LAS PALMAS.

b) El PAA 1736 recibió instrucciones para desplazarse por la pista de despegue, abandonarla al llegar a la tercera salida a su izquierda, no vieron la salida… debido a la intensa niebla ENTRARON EN LA CUARTA SALIDA EN LUGAR DE EN LA TERCERA.

c) A PESAR DE LA ORDEN DE ESPERA INTERPRETA UN “OK” COLOQUIAL COMO UNA LUZ VERDE DE SALIDA.

d) Toda la tripulación de cabina, capitán, copiloto e ingeniero de vuelo, desoyen una INDICACIÓN DE NO DESPEGAR, agarrándose a un OK pronunciado por el controlador al dar el visto bueno a una instrucción para después del despegue. Y, OYEN, LO QUE QUIEREN OIR.

A partir de esta terrible tragedia, una de las consecuencias más notables del trabajo aeronáutico es el cambio de fraseología no utilizándose la palabra despegar, salvo para la autorización explícita de despegue.

Esta catástrofe en Tenerife no estaba escrita en el destino. El renglón, lo cambió la mano de un terrorista que actuó en una Isla hermana ignorante de las consecuencias de su malvada intención.

Una vez más, tenemos que recordar y citar al poeta romano Plauto (siglo III a. de C.) que escribió “homo homini lupus”: El hombre es lobo para el hombre.

Jaime Velarde Silió, piloto jubilado de Iberia, fue comisionado entonces para que se encargara de la investigación oficial, especializado por cuenta de la asociación de pilotos españoles en la investigación de accidentes aéreos, había realizado cursos en la Universidad del Sur de California.

De una reciente entrevista (domingo 9 de enero de 2005) que concedió al periódico EL DÍA de Tenerife extraemos:

¿Cuáles fueron los primeros pasos en la investigación?

Eso lo tenía muy claro. Croquis, fotografías, dibujos de los restos principales… lo antes posible, lo segundo, afrontar la situación y responder a lo que recomienda la asociación internacional de pilotos para ponerme a disposición de la tripulación afectada, que estaba en el hospital.


¿Hubo cortapisas para la investigación o presiones?

La situación en España era dificilísima, ya que la estructura pertenecía al ejército del Aire, de hecho me llamó el general Franco Iribarne Garai y fue muy valiente, porque mandó la investigación a EEUU, donde se llevó a cabo. Le mostré mi disponibilidad y se buscó la verdad. Todo un orgullo.


¿Y hacia dónde fue la culpa?

En un accidente aéreo no hay una sola causa y no hay culpables, sino un cúmulo de causas y responsables. Lo cierto es que hubo una responsabilidad del piloto de la holandesa KLM. Una de las compañías más prestigiosas y pionera de Europa.


1Dr. Miguel Duque Pérez-Camacho. Psiquiatra, Director del Instituto Canario de Psiquiatría (ICAPSI). Presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría y Psicopatología Social (SEPPS).

BIBLIOGRAFÍA

• Alonso-Fernández, F. Las Nuevas Adicciones. El estrés laboral: sus tipos y consecuencias.
• Alonso-Fernández, F. Claves de la Depresión.
• Alonso-Fernández, F. Fundamentos de la Psiquiatría Actual, Tomo II, 3ª Edición.
• DSM-IV-TR. Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales. 2002.
• Harold I. Kaplan, Benjamín J. Sadock. Sinopsis de Psiquiatría.
• L. Crocq, C. Doutheau, P. Louville y D. Cremniter. Enciclopedia Francesa Médico Quirúrgica de Psiquiatría.
• Montero Guerra, José Manuel. Intervención Psicológica en Desastres Bélicos.

FUENTES

• Andrada Félix, Claudio. Periodista de “EL DÍA” de Tenerife.
• Dr. Besada Estévez, Carlos. Jefe de Servicio de Anestesiología del Hospital Universitario Nuestra Señora de la Candelaria.
• Profesor Sierra López, Antonio. Catedrático de Medicina Preventiva de la Universidad de La Laguna y Director General de Sanidad en esa época.

18 de marzo de 2010

Terror en Tenerife. Vuelo KLM 4805 y PAA 1736. Una tragedia imposible.

Terror en Tenerife: Vuelos KLM 4805 y PAA 1736. Una tragedia imposible

Miguel Duque Pérez-Camacho*

Primera parte

El Domingo 27 de marzo de 1977, dos aviones Boeing 747 colisionaron en el aeropuerto de Los Rodeos, Tenerife Norte en la actualidad, al norte de la isla de Tenerife, donde murieron 583 personas. Ostenta el triste récord de ser el accidente aéreo con mayor número de víctimas mortales.

Los aviones siniestrados fueron el KLM 4805, vuelo chárter de las líneas aéreas holandesas KLM, que volaba desde el aeropuerto de Schiphol en Ámsterdam, en dirección a Gran Canaria y el vuelo PAA 1736, vuelo chárter de Royal Cruise Lines, volando desde el aeropuerto internacional John F. Kennedy de Nueva York, que también se dirigía al aeropuerto de Gran Canaria (Gando).

Mientras los aviones se dirigían Gran Canaria, una bomba colocada por el Movimiento para la Autodeterminación e Independencia del Archipiélago Canario (MPAIAC), explosionó en la terminal de pasajeros del aeropuerto. Más tarde hubo una segunda amenaza de bomba y el aeropuerto fue cerrado. A raíz del cierre del aeropuerto, ambos vuelos fueron desviados a Los Rodeos, en la vecina isla de Tenerife junto con otros muchos vuelos también desviados. En aquel entonces, Los Rodeos era aún demasiado pequeño para soportar fácilmente una congestión semejante, además de disponer en ese momento de tan sólo dos controladores aéreos.

Cuando el aeropuerto de Gran Canaria fue reabierto, el personal de vuelo del avión Pan Am (PAA 1736) procedió a pedir permiso para el despegue hacia su destino, Gran Canaria, pero se vio forzado a esperar debido a que el vuelo de KLM (KLM 4805) bloqueaba la salida a la pista de aterrizaje.

Ambos vuelos habían recibido la instrucción de desplazarse por la pista de aterrizaje en lugar de hacerlo por la de rodaje debido a la excesiva congestión de tráfico aéreo provocada por el desvío de vuelos desde el aeropuerto de Gran
Canaria.

El KLM 4805 pidió permiso para repostar y llenó sus tanques con 55000 litros de combustible, tras lo que recibió instrucciones para que una vez allí, realizara un giro de 180 grados y esperara a la confirmación del despeje de la ruta. Más tarde el PAA 1736 recibió instrucciones para desplazarse por la pista de despegue, abandonarla al llegar a la tercera salida a su izquierda y confirmar su salida una vez completada la maniobra. Pero en PAA 1736 no vieron la tercera salida (esto se supone que fue debido a la intensa niebla) y continuaron hacia la cuarta. A pesar de no haber recibido permiso para el despegue y debido a un malentendido del piloto y copiloto holandeses, desde el KLM mandaron el mensaje por radio de que se disponían a despegar. Al no esperar el despegue, ya que aún no tenían autorización, la torre de control interpretó el mensaje como que el avión se encontraba en posición de despegue y respondieron diciendo que se mantuvieran a la espera para despegar.

La torre de control pidió a PAA 1736 que le comunicase tan pronto como hubiera despejado la pista. En la cabina de KLM 4805, ya en despegue, nadie confirmó la recepción de esos mensajes y PAA 1736 anunció que aún se encontraba rodando por la pista y que informaría al despejar la misma. Justo después de esto, el ingeniero de vuelo y copiloto holandeses mostraron dudas de que la pista estuviese realmente despejada, a lo que el capitán, Jacob Van Zanten, respondió con un enfático “si”, y tal vez influenciados por su gran prestigio, haciendo difícil que un piloto experto como él cometiese un error de semejante magnitud, tanto como el copiloto como el ingeniero de vuelo no hicieron más objeciones. El impacto se produjo unos trece segundos más tarde, a las 17 horas 06 minutos 50 segundos GMT, tras lo que los controladores aéreos no pudieron volver a comunicarse con ninguno de los dos aviones.

Pista de rodaje de Los Rodeos.







Debido a la intensa niebla, los pilotos del avión de KLM no pudieron ver el avión de Pam Am en frente. El vuelo KLM 4805 fue visible desde PAA 1736 aproximadamente 8 segundos y medio antes de la colisión, pero a pesar de haber intentado acelerar para salir de la pista, el choque era ya inevitable.


El KLM ya estaba completamente en el aire cuando ocurrió el impacto, a unos 250 kilómetros por hora. Su parte frontal golpeó la parte superior del otro Boeing, arrancando el techo de la cabina y la cubierta superior de pasajeros, tras lo que los dos motores golpearon al avión de Pan Am, matando a la mayoría de los pasajeros de la parte trasera instantáneamente.

Continuó en vuelo tras la colisión, estrellándose contra el suelo a unos 150 metros del lugar del choque, y deslizándose por la pista unos 300 metros más. Se produjo un violento incendio inmediatamente y a pesar de que los impactos contra el Pan Am y el suelo no fueron extremadamente violentos, todas las 248 personas a bordo del KLM murieron en el incendio, así como 321 de las 380 personas a bordo del Pan Am, incluyendo 9 personas que fallecieron más tarde por causa de las heridas.

Las condiciones atmosféricas tampoco hicieron posible que el accidente fuera visto desde la torre de control inmediatamente, desde donde solamente se oyó una explosión, seguida de otra, sin quedar claras su situación o causas.

Momentos más tarde de la colisión, un avión situado en la plataforma de estacionamiento avisó a la torre de que había visto fuego. La torre hizo sonar la alarma de incendio, y, aún sin saber la situación del fuego informaron a los bomberos. Estos se dirigieron a la zona a la mayor velocidad posible, lo que debido a la intensa niebla seguía siendo demasiado lenta, aún sin poder ver el fuego, hasta que pudieron ver la luz de las llamas y sentir la fuerte radiación de calor. Al despejarse un poco de niebla, pudieron ver por primera vez que había un avión completamente envuelto en llamas. Tras comenzar ha extinguir el fuego, la niebla siguió despejándose y pudieron ver otra luz, que pensaron sería parte del mismo avión en llamas que se había desprendido. Dividieron los camiones y al acercarse a lo que pensaban era un segundo foco del mismo fuego, descubrieron un segundo avión en llamas. Concentraron sus esfuerzos en este segundo avión ya que el primero era completamente irrecuperable.

Como resultado, y a pesar del gran alcance de las llamas en el segundo avión, pudieron salvar la parte izquierda, de donde más tarde se extrajeron entre quince y veinte mil kilos de combustible.

Mientras tanto, la torre de control, aún cubierta en una densa niebla, seguía sin poder averiguar la situación exacta del fuego y si se trataba de uno o dos aviones implicados en el accidente.

Según los supervivientes del vuelo Pan Am, entre ellos el capitán del vuelo Victor Grubbs, el impacto no fue tan terriblemente violento, lo que les hizo creer que se había tratado de una explosión. Unos pocos situados en la parte frontal saltaron a la pista por aberturas en el costado izquierdo mientras se producían diversas explosiones. La evacuación, sin embargo, se produjo con rapidez, los heridos fueron trasladados y se ofrecieron innumerables donaciones de sangre.

Camiones de bomberos de las ciudades vecinas de La Laguna y Santa Cruz tuvieron que ser empleados y el fuego no fue completamente extinguido hasta las 03.30 del 28 de marzo.

Una serie de factores que posiblemente contribuyeron al accidente incluye, entre otros, el cansancio tras largas horas de espera y la tensión creciente de la situación. El capitán del KLM, debido a la rigidez de las reglas holandesas sobre las limitaciones de tiempo de servicio, sólo disponía de tres horas para despegar desde el aeropuerto de Gran Canaria de vuelta al aeropuerto de Ámsterdam o tendría que suspender el vuelo, con la consecuente cadena de retrasos que eso conllevaría. Además, las condiciones atmosféricas del aeropuerto estaban empeorando rápidamente, lo que podría provocar que el vuelo fuese retrasado aún más.

Otro factor fueron las transmisiones de la torre indicando al KLM que aguardase y la del Pan Am informando que aún se encontraba rodando por la pista de despegue, que no fueron recibidas con todo la claridad que hubiese sido deseable. El lenguaje técnico empleado en la comunicación entre las tres partes tampoco fue adecuado. Por ejemplo, el copiloto holandés no utilizó en lenguaje adecuado para indicar que se disponían a despegar y el controlador de vuelo añadió un OK justo antes de pedir al vuelo de KLM que aguardase la autorización para el despegue.

El Pan Am tampoco abandonó la pista en la tercera intersección, como se le había indicado. El avión hubiera debido, de hecho, consultar con la torre, pero esto no pudo haber sido una causa directa del accidente, ya que nunca informó de que la pista estuviese despejada e informó dos veces de que se encontraba rodando por ella. La excesiva congestión del tráfico aéreo también influyó, obligando a la torre a tomar medidas que, aunque reglamentarias, en otras ocasiones pueden ser tomadas como potencialmente peligrosas, tal como tener aviones rodando por la pista de despegue.

También hay que tener en cuenta que el vuelo de Tenerife a Gran Canaria es solamente de 25 minutos de duración, por lo que al repostar 55500 litros de combustible, lo que hizo que el fuego producido más tarde fuese aún mayor, hace suponer que el capitán del vuelo KLM 4805 se proponía el ahorrarse más demoras en Gran Canaria por los problemas de tráfico aéreo. Al ser un vuelo chárter, debería despegar desde el aeropuerto de Gran Canaria con destino a Ámsterdam y con esta cantidad de combustible tendría suficiente.

En la transcripción de las conversaciones entre el Boeing de Pan American, La Torre del Aeropuerto de Los Rodeos y el Boeing de KLM se puede ver, como la tragedia se fraguó en 6 minutos y 49 segundos de prisas, apremios, ansias y malos entendidos

17,00:43,5: Control de Tierra al PAA

Clipper uno siete tres seis, está autorizado a rodar a la pista siguiendo al siete cuatro siete de KLM

17,00:51,1: Segundo de PAA

Clipper uno siete tres

17,01:19,5: Control de tierra

Clipper uno siete tres seis, deje la pista (…) tres uno (…) a (su, mí) izquierda.

17,01:28,6: Segundo de PAA

Repita, por favor

17,01:31,6: Control de tierra

Deje la pista por tercera (a su) izquierda.

17,01:37,7: Segundo de PAA

OK, rodar por la pista y (…) dejar la pista por la primera intersección a la izquierda.

17,01:45,6: Control de tierra

Negativo. La tercera, la tercera y cambiar a uno uno nueve punto siete.

17,01:51,1: Segundo de PAA

OK, la primera y cambiando a uno diecinueve siete

17,01:54,2: Comandante de PAA (grabador de voces en cabina)

Esperaremos aquí si nos dejan.

17,01:57,0: Segundo de PAA

Tenerife, aquí es Clipper uno siete tres seis.

17,02:01,8: Control de aproximación

Clipper uno siete tres seis, aquí Tenerife.

17,02:03,6: Segundo de PAA

(…) Nos han instruido que contactemos con usted y también que rodemos por la pista ¿es correcto?

17,02:08,4: Aproximación

Afirmativo. Ruede por la pista y (…) salga por la tercera, tercera a su izquierda, tercera.

17,02:16,4: Segundo de PAA

Tercera a la izquierda, OK.

(Había cierta confusión en la cabina del Pan Am. El comandante aún creía que el controlador había dicho “primera”. El segundo dice que lo preguntara de nuevo. No puede hacerlo de inmediato, pues el control de aproximación está siguiendo la partida de vuelo 282 de Sunjet).

17,02:49,8: Aproximación

KLM cuatro ocho cero ¿cuántas intersecciones ha pasado ya?.

17,02:55,6: Segundo de KLM

Creo que acabamos de pasar Charlie cuatro.

17,02:59,9: Aproximación

Recibido… Al final de la pista gire uno ochenta e informe para la autorización del CTA.

(La tripulación de PAA discute sobre la intersección que debe tomar y no presta mucha atención al tráfico entre el KLM y el control de aproximación).

17,03:14,2: Segundo de KLM

(…) ¿están las luces centrales de pista disponibles para el cuatro ocho cero cinco?

17,03:19,8: Aproximación

Espero. No lo creo, señor: No lo creo. Espere. Lo compruebo.

17,03:22,9: Segundo de KLM

OK

17,03:25,0: Aproximación

Lo están mirando (…) Lo comprobaremos.

17,03:29,3: Segundo de PAA

Quisiera confirmar que se espera que el Clipper uno siete tres seis gire a la izquierda en la tercera intersección.

17,03:36,4: Aproximación

La tercera, señor. Uno, dos, tres, tercera, tercera.

17,03:39,2: Segundo de PAA

Muchísimas gracias.

17,03:47,6: Aproximación

(…) er, siete uno tres seis, informe cuando deje la pista.

17,03:55,0: Segundo de PAA

Clipper uno siete tres seis.

17,04:58,2: Aproximación

(…) … M ocho siete cero cinco y Clipper uno siete… tres seis, para su información, las luces centrales están fuera de servicio.

17,05:05,8: Segundo de KLM

Recibido

17,05:07,7: Segundo de PAA

Clipper uno siete tres seis.

17,05:44,8: Segundo de KLM

(…) el KLM cuatro ocho cero cinco está dispuesto a despegar y … (…) esperamos la autorización del CTA.

17,05:53,4: Aproximación

KLM ocho siete cero cinco (…) está autorizado a la baliza Papa. Suba y mantenga nivel de vuelo nueve cero… vire a la derecha después de despegar. Proceda con rumbo cero cuatro cero hasta interceptar el radial tres dos cinco del VOR de Las Palmas.

17,06:09,6: Segundo de KLM

(…) Recibido. Estamos autorizados para (…) la baliza Papa. Nivel de vuelo nueve cero. Virar a la derecha para cero cuatro cero hasta interceptar el tres dos cinco y estamos (…) (despegando) (en despegue).

17,06:18,5: Aproximación

…K

17,06:19,3: Comandante de PAA

No (…)…

17,06:20,3: Segundo de PAA

Y el Clipper uno siete tres seis está rodando todavía por la pista.

17,06:25,6: Aproximación

Recibido, Papa Alfa uno siete tres seis, informe cuando deje la pista.

17,06:29,6: Segundo de PAA

OK, informaré cuando la haya dejado.

17,06:32,1: Aproximación

Gracias.

Lo que ahora sigue es la transcripción del grabador de voces en cabina del PAA durante los dieciocho segundos antes de la colisión.

17,06:32,1: Comandante


Aparte el (…) de aquí… Sal (…) de aquí.

17,06:34,9: Segundo

Sí, parece que ahora ha entrado la prisa.

17,06:36,2: Mecánico

Sí, después de tenernos durante hora y media esta (…)

17,06:38,4: Segundo

Sí, esta (…)

17,06:39,8: Mecánico

Ahora tiene prisa.

17,06:40,6: Comandante

Allí está… Mira ese (…) …ese (…) se nos viene encima.

17,06:45,9: Segundo

¡Aparta! ¡Aparta! ¡Aparta!

17,06:48,7: Sonido del claxon de alerta en despegue. Sonido de motores acercándose.

17,06:50,1: Ruido de impacto.

Lo que sigue es la trascripción del grabador de voces en cabina del KLM desde las
17,06:32,43 hasta la colisión.

17,06:32,4: Voz inidentificada

¿Todavía no ha salido?

17,06:34,1: Comandante

¿Qué dices?

17,06:34,7 Voz inidentificada

¿No ha salido ese Pan American?

17,06:35,7: Comandante

Sí.

17,06:43,5: Segundo

V1

17,06:47,4: Comandante

¡Ah! (…)

17,06:49,3: Ruido de impacto.



Anécdota

En Tenerife circula la leyenda que durante la II Guerra Mundial, Hitler insto al régimen español de Franco a la construcción de un aeródromo en Tenerife para dar cobertura a sus tropas en el norte de África. Técnicos alemanes iniciaron los estudios del diseño del aeropuerto, presentando más tarde el proyecto a las autoridades españolas. Estas decidieron posponer la construcción, pero se quedaron con todos los estudios realizados por los alemanes, que en aquellos tiempos eran considerados como auténticos expertos en el diseño y construcción de aeropuertos.


Años más tarde, y una vez finalizada la guerra, las autoridades españolas decidieron que ya era hora de construir el aeropuerto en Tenerife, por lo que decidieron recurrir a la valiosa documentación proporcionada por los alemanes. En ésta, se presentaba un mapa de la zona en la que claramente había una gran cruz roja marcada. Los españoles “supusieron” que esa era la ubicación idónea para el aeropuerto, comenzando su construcción basándose en los mapas alemanes. Lo que no sabían, es que esa gran cruz roja indicaba la zona donde nunca se debía construir un aeropuerto.

15 de marzo de 2010

NUEVOS EUTIMIZANTES EN LOS TRASTORNOS BIPOLARES

(segunda parte)

Miguel Duque Pérez-Camacho

El trastorno esquizoafectivo, incluido en el colectivo de las denominadas “psicosis atípicas”, responde a la agrupación asintomática y en un mismo paciente tanto de manifestaciones psicopatológicas propias de la esquizofrenia como de los trastorno del estado anímico.

En el DSM III-R (1988) se nos brindan por vez primera criterios diagnósticos de este cuadro, siendo necesaria la presencia de síntomas agudos de manía o depresión y de esquizofrenia, y la existencia de delirios y alucinaciones durante al menos 2 semanas en ausencia de síntomas afectivos. El DSM IV (1994) apenas aporta variaciones, distinguiendo, igual que lo hace el DSM III-R, un subtipo esquizoafectivo bipolar y otro depresivo. Por su parte, la CIE-10 (OMS, 1992) incluye el subtipo esquizoafectivo mixto.

Referente a la edad de comienzo, ésta es más precoz en los cuadros esquizoafectivos que en los trastornos afectivos (unipolares y bipolares) y ligeramente más tardío que en la esquizofrenia.

Es frecuente la asociación entre estresares vitales y el subsiguiente episodio clínico esquizoafectivo, así como un mayor nivel sociocultural en estos pacientes respecto del observado en la esquizofrenia. Angst mantiene que el riesgo de suicidio consumado en pacientes con trastorno esquizoafectivo (15%) es superior al de pacientes esquizofrénicos (10% del estudio de Caldwell y Gottesman, 1990).

Cabe considerarse tres tipos de cuadros:


1. Bipolares (más frecuentes en adultos jóvenes y más próximos hacia el lado afectivo del espectro)
2. Depresivos (más frecuentes en adultos mayores y aparentemente más próximos a la esquizofrenia)
3. Y mixtos, que son los más difíciles de diagnosticar y que se corresponderían a lo que Leonhard denominó “psicosis cicloides ansiosas”.

En el trastorno esquizoafectivo de tipo bipolar (esquizomanía), en principio, existe una buena respuesta a la terapia de fármacos de tipo antimaníaco, incluyendo las sales de litio, los antipsicóticos clásicos (haloperidol, clorpromazina), las benzodiacepinas (clonacepam) y los anticonvulsivantes (carbamacepina, ácido valproico, gabapentina, lamotrigina), que en general se usan de forma asociada.

Los estudios con antipsicóticos atípicos ofrecen nuevas esperanzas para el futuro. El efecto de la risperidona a dosis bajas o medias (menos de 6mg/día) con estabilizantes del humor ha obtenido buenos resultados.

En cuanto a la olanzapina, debido a su mecanismo de acción, este fármaco parece poseer propiedades de tipo antidepresivas y probablemente antimaníacas. Pocos datos se tienen de otros antipsicóticos atípicos del tipo sertindol (retirado prematuramente del mercado por su efecto de alargamiento del intervalo QT del electrocardiograma), amisulpiride, quetiapina o ziprasidona.

En el trastorno esquizoafectivo de tipo bipolar (esquizodepresivo bipolar), preferentemente, los inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina, noradrenalina, o de ambos junto con los antipsicóticos y los fármacos eutimizantes, parecen ser la opinión terapéutica más razonable.

En el trastorno esquizoafectivo de tipo unipolar (esquizodepresivo unipolar), el tratamiento de los pacientes del subtipo esquizodepresivo unipolar es más controvertido, siendo así que algunos autores desaconsejan el uso de antidepresivos ya que en muchos casos los síntomas mejoran únicamente con el tratamiento con antipsicóticos.

En los casos de episodios mixtos, el tratamiento es equiparable al utilizado en los trastornos bipolares mixtos, por lo que se debe hacer mayor hincapié en el tratamiento antipsicótico y, más concretamente, en la utilidad de la clozapina y probablemente de los nuevos antipsicóticos atípicos (risperidona, olanzapina, quetiapina, amisulpiride, ziprasidona) en asociación con los eutimizantes habituales.


En cuanto al tratamiento de mantenimiento, nos encontramos con dificultades similares a las objetivadas para la esquizofrenia o los trastornos bipolares. Tras un primer episodio, en principio, se debe mantener el tratamiento que ha resultado eficaz en la fase aguda, por lo menos durante un año y medio, y de forma indefinida si nos encontramos ante dos o más episodios de la enfermedad.

Los pacientes esquizoafectivos bipolares deben ser tratados de forma similar a los bipolares puros, por lo que tras una fase maníaca puede ser oportuno reducir las dosis de antipsicóticos pero sin retirarlos completamente y mantener los eutimizantes. Puesto que estos pacientes ( al igual que los bipolares) presentan un mayor riesgo de efectos extrapiramidales ante la toma de antipsicóticos, es conveniente administrar conjuntamente fármacos antiparkinsonianos. En este sentido, cabe señalar que con los nuevos antipsicóticos atípicos parece reducirse de forma sustancial el riesgo de aparación de discinesias tardías.

Respecto al mecanismo de acción de los anticomiciales en el tratamiento del trastorno bipolar, éste no ha sido aún bien establecido. Se han postulados diferentes mecanismos de actuación, entre ellos los siguientes:

• Modulación de la expresión génica a través del control de la enzima proteincinasa.
• Inhibición de la enzima anhidrasa carbónica.
• Actuación sobre los canales iónicos (sodio, potasio, calcio) en la membarana celular produciendo cambios de voltaje neuronal.
• Actuación sobre segundos mensajeros con inhibición de la enzima inositol monofosfatasa involucrada en el sistema del fofatidil inositol, modulador de la síntesis de proteínas G.
• Actuación sobre el neurotransmisor inhibitorio GABA, ya sea aumentando su síntesis, su liberación, inhibiendo su metabolismo o su recaptación por parte de las neuronas gabaérgicas.
• Actuación en segundos mensajeros con inhibición de la enzima fosfocinasa C.
• Reducción de la síntesis o liberación.

Con la aparición en la clínica de los nuevos anticomiciales se abre una puerta de esperanza al presente, sobre todo, al futuro terapéutico del trastorno afectivo bipolar, y probablemente del trastorno esquizoafectivo, dada su buena tolerancia, su seguridad, su perfil de interacciones y su relativa escasez de efectos adversos relevantes.

Entre los nuevos anticomiciales, al margen de la lamotrigina destacan los siguientes:

Gabapentina: Se trata de un análogo estructural del GABA. Su mecanismo de acción resulta complejo y en la actualidad desconocido, si bien se apunta hacia una inversión del transportador neuronal del GABA, con el consiguiente incremento de este último de forma extracelular. Algo similar pasa con su dosis eficaz, para la cual existe un amplio rango (600-3.600 mg/día), recomendándose su uso fraccionado.

Entre sus principales efectos adversos destacan la sedación, la ataxia, el vértigo y las molestias gastrointestinales. Otros efectos adversos menos frecuentes son: cefalea, aumento de peso, nistagmo, diplopía y temblor. Entre sus principales interacciones destacan los antiácidos orales y la fenitoína.

Según parece desprenderse de diversos trabajos efectuados, la gabapentina posee un efecto ansiolíticos y antimaníaco, bien sea en monoterapia o preferentemente en combinación con otros eutimizantes. También posee un cierto efecto antidepresivo y derivado del mismo, un riesgo de inducir desocmpensaciones hipomaníacas. Su principal utilidad clínica aparece en la fobia social y el trastorno por ansiedad, la depresión bipolar y la manía refractaria y disfórica. También es posible que tenga un cierto papel eficaz en el tratamiento del trastorno del control de los impulsos.

Topiramato: Su mecanismo de acción deriva del bloqueo de los receptores glutamaérgicos. Potencia, por tanto, la acción del GABA. También actúa como antagonista del calcio e inhibe la enzima anhidrasa carbónica. La dosis óptima a alcanzar, de forma ascendente y progresiva, es de 200-400 mg/día.

Entre sus efectos secundarios destacan: sedación, parestesias, molestias gastrointestinales, dificultades en la concentración, memoira y fluidez verbal y calculosis renal. Una de sus principales ventajas es que a diferencia de otros fármacos no incrementa (incluso disminuye) el peso corporal por un mecanismo de acción aún desonocido. Presenta un escaso número de interacciones, entre ellas destacan el que la carbamacepina y la fenitoína disminuyen los valores del topiramato por inducción de su metabolismo, y a la inversa el topiramato disminuye los valores plasmáticos de digoxina y de anticonceptivos orales.
El topiramato posee un efecto antimaníaco en fase aguda, tanto en monoterapia como en asociación y antidepresivo también en fase aguda. Su principal utilidad clínica la encontramos en la manía refractaria y la manía disfórica.

Oxcarbacepina: Presenta una estructura y un perfil clínico similar al de la carbmacepina, aunque con menos efectos adversos. Las dosis de inicio son 600mg semanales. El rango terapéutico oscila entre los 600-2.400 mg/día.
Entre sus ventajas están la de no contar con metabolitos tóxicos y presentar pocas interacciones farmacológicas. La carbmacepina, la fenitoína, el fenobarbital y el ácido valproico reducen sus vales plasmáticos y, a su vez, la oxcabacepina disminuye los valores de los anticonceptivos orales. Los principales efectos adversos son náuseas, vómitos, diarrea y dolor abdominal. Otros secundarios menos frecuentes son: sedación, somnolencia, cefalea, dificultades en la concentración, alteraciones amnésicas, alteraciones dermatológicas, incremento de las transaminasas y de la fosfatasa alcalina e hiponatremia, entre otras.

Su principal indicación es la epilepsia y más concretamente las crisis parciales con o sin generalización secundaria con crisis tónico-clónicas. Aunque se le ha atribuido un efecto antimaníaco, su posible papel en el trastorno afectivo bipolar y en el trastorno esquizoafectivo, desde el punto de vista eutimizante, está aún por determinar.

Tiagabina: aunque su eficacia en fase maníaca parece dudosa, la tiagbina podría resultr útil ocmo erapia coadyuvante del trastorno bipolar tipo I y del trastorno esquizoafectivo refractarios. No obstante, aún faltan estudios que avalen su potencial terapéutico en estos trastornos. En España se usa muy poco, al igual que las tres siguientes.
Zonisamida: Se trata de un anticomicial de estructura similar a la serotonina y con un perfil clínico similar al de la carbamacepina, con posible eficacia antimaníaca y eutimizante en terapia de mantenimiento.

Levetiracetam y pregabalina: faltan datos respecto a su papel en trastornos bipolare y/o esquizoafectivos.

Entre el grupo de nuevos anticomiciales utilizados en el tratamiento del trastorno bipolar y el trastorno esquizoafectivo, la lamotrigina es la que parece contar con un mayor número de datos clínicos controlados que avalan su eficacia, especialmente en la depresión bipolar, en cicladotes rápidos y en el trastorno bipolar tipo II.

El mecanismo de acción de la lamotrigina, si bien aún resulta desconocido en muchos de sus aspectos, parece vehiculizarse a través del bloqueo de los receptores serotoninérgicos 5ht3 y de la inhibición de la liberación presináptica del glutamato.

Diferentes estudios parecen demostrar que este fármaco podría ser útil, no sólo en la estabilización de episodios maníacos y/o mixtos (incluyendo cicladotes rápidos) sino incluso en el tratamiento de la depresión bipolar y unipolar. De hecho la lamotrigina parece tener un papel regulador de la recaptación de monoaminas y en especial de serotonina, que puede llegar a traducirse clínicamente en un incremento de la neurotransmisión serotoninérgica.

Entre las comunicaciones espontáneas de casos clínicos, en los que la asociación de lamotrigina a pacientes bipolares previamente tratados con otros anticomiciales (sales de litio, valproato, carbamacepina) resultó satisfactoria en cuanto a mejoría clínica y reducción en los efectos secundarios achacables al tratamiento farmacológico, destacan las de Walden (1996), Weisler (1994), Calíbrese (1996), Labatte (1997), Maxoutova (1997) y Kotler (1998), entre otras.

Encontramos con que, en general, se describen una mejoría en pacientes bipolars tipo I y II, tanto en fase depresiva como en fase maníaca, hipomaníaca o durane un episodio mixto, así como en cicladores rápidos utilizando lamotrigina, tanto en monoterapia como asociada a otros fármacos eutimizantes, antipsicóticos, benzodiacepinas). A tal efecto conviene revisar los trabajos de Calíbrese (2001 y 1999), Walden (2000), Fogelson (1997), Pinto (1997), Sport y Sachs (1997), así como el de Mandoki (1997), efectuado con niños y adolescentes bipolares, en los cuales la lamotrigina se asociaba al valproato.

Los trabajos realizado a doble ciego y controlados con placebo, en general se puede decir que la lamotrigina ha demostrado su eficacia clínica en el tratamiento de las siguientes entidades o procesos:

La depresión bipolar, tanto estudios a corto plazo de 7 semanas de duración con lamotrigina en monoterapia como en estudios de un año de seguimiento de pacientes bipolares tipo I y II. La lamotrigina es el único de entre los nuevos anticomiciales anteriormente recogidos que ha demostrado en ensayos clínicos de forma fehacientes un claro potencial terapéutico en la depresión bipolar.


La depresión unipolar


Trastornos afectivos, tanto unipolares ocmo bipolares, refractarios a otros tratamientos farmacológicos.
Como profilaxis en monoterapia de mantenimiento en pacientes bipolares cicladores rápidos.
Como tratamiento aparentemente eficaz de la manía.

Lamotrigina en el embarazo y la lactancia

La lamotrigina no debe ser utilizada durante el embarazo y/o la lactancia, ano ser que en opinión del médico correspondiente el potencial beneficio de su uso para la madre compense los posibles riegos para el feto en desarrollo.

Los datos obtenidos hasta el momento y extraídos del registro abierto por los laboratorios Glaxo-Wellcome a tal efecto (Lamotriguine Pregnancy Registry) se puede afirmar que:

En el momento presente no existe experiencia sobre el efecto de la lamotrigina sobre la fertilidad humana.

La lamotrigina es un inhibidor débil de la enzima dihidrofolato reductasa y, en este sentido, podría contar con un cierto potencial teratogénico. La experiencia acumulada en cuanto a la proporción de niños nacidos con defectos congénitos tras la exposición al tratamiento con lamotrigina durante el primer trimestre de la gestación no es distinta a la prevista para las mujeres afectadas por una epilepsia no sometidas a tratamiento anticomicial.

La lamotrigina pasa a la leche materna durante la lactancia en una proporción del 40-60% de la concentración sérica. En este sentido, parece recomendable plantear en estas pacientes una lactancia artificial.

Posología y tratamientos concomitantes

En los pacientes adultos la dosis media diaria de la lamotrigina recomdada es de entre 100 y 400 mg/día al principio del tratamiento para a continuación ir disminuyendo hasta llegar a una dosis de mantenimiento de 200 mg/día.

Se recomienda efectuar una escalada terapéutica con el fin de minimizar el reisgo de exantema, principal efecto secundario atribuible al fármaco.

Monoterapia de lamotrigina: 25 mg/día en monodosis las primeras 2 semanas; 50 mg/día en monodosis las semanas 3 y 4; a partir de ahí, incrementos entre 59 y 100 mg cada 1-2 semanas hasta alcanzar la dosis de mantenimiento.
Esta pauta también se recomienda en los que la lamotrigina se asocie a otros fármacos, como litio o clonacepam.

Lamotrigina + valproato: 12,5 mg/día en monodosis las primeras 2 semanas; 25 mg/día en monodosis las semanas 3 y 4; incrementos entre 25 y 50 cada 1-2 semanas hasta alcanzar la dosis de mantenimiento e ir disminuyendo el valproato.

Lamotrigina + anticomicales inductores enzimáticos: 50 mg/día en monodosis las primeras 2 semanas; 100 mg/ día en monodosis las semanas 3 y 4; a partir de ahí, incrementos de 100 mg cada 1-2 semanas hasta alcanzar la dosis de mantenimiento.

Efectos adversos

Entre los principales efectos adversos asociados a la utilización clínica de la lamotrigina destacan el exantema cutáneo maculopapular, al parecer íntimamente relacionado con la dosis inicial del fármaco administrada, con la velocidad en la escalada terapéutica efectuada, con el uso concomitante de valproato (incrementa la semivida media de la lamotrigina) o con la exposición al sol. En este caso, conviene mantener la vigilancia, ya que en un escaso tanto por ciento (inferior al 1%) de los mismos pudiera aparecer un síndrome de Steven-Johnson o una necrólisis epidérmica tóxica.

Otros efectos secundarios menos frecuentes serían: astenia, cefaleas, náuseas, dolor y prurito. También han sido descritos casos aislados de neutropenia y agranulocitosos.

La lamotrigina no ha sido directament relacionado con un incremento en las concentraciones de las Transaminasas hepáticas ni con un incremetno en el peso final del individuo. En caso de tener que proceder a una eventual retirada del fármaco, se recomienda su retirada paulatina en un plazo no inferior a 1-2 semanas hasta suspenderlo por completo.

Interacciones farmacológicas

Entre los fármacos que producen una inducción metabólica de la lamotrigina disminuyendo sus valores en plasma, y con ello su eficacia clínica están en la carbamacepina, la fenitoína, la primidona, el fenobarbital y el paracetamol.

Por el contrario, algunos fármacos como la Sertralina o ácido valproico, inhiben la metabolización de la lamotrigina, incrementan sus valores plasmáticos y con ello favorecen una mayor presencia de efecto adverso y un consiguiente riesgo de intoxicación por este fármaco.

Conclusiones

Con la salida al mercado de los nuevo fármacos anticomiciales (lamotrigina, gabapertina, topiramato, oxcarbacepina, etc). , al igual que ha sucedido con anterioridad en otro terrenos como la psicosis o la depresión, se abre un amplio abanico de posibilidades de tratamiento de los paciente bipolares y esquizoafectivos, tanto en la búsqueda de un efecto profiláctico de recidivas de cada trastorno en cuestión como a la hora de atajar y de minimizar los síntomas tanto maníacos como depresivos en fase aguda y de controlar a aquellos pacientes resistentes a las terapias convencionales.

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